Las enfermedades más comunes en niños con la vuelta al cole

Las enfermedades más comunes en niños con la vuelta al cole

La vuelta al cole siempre llega con ilusión… y con algún que otro quebradero de cabeza. Nuevos horarios, material escolar, adaptación a la rutina y, casi inevitablemente, el reencuentro con los virus y bacterias que circulan en las aulas. Es normal que en estas semanas los niños se resfríen más, tengan mocos constantes o cojan alguna infección típica de la edad escolar.

Aunque la mayoría de estas enfermedades suelen ser leves y forman parte del desarrollo normal del sistema inmunitario infantil, es importante conocer cuáles son las más habituales para estar preparados y saber cómo actuar si aparecen los primeros síntomas.

¿Por qué aumentan las enfermedades con la vuelta al cole?

Seguro que lo has vivido alguna vez: apenas empieza el curso y tu hijo vuelve a casa con tos, fiebre o los ojos irritados.

El inicio de las clases significa volver a convivir muchas horas en espacios cerrados, donde es fácil que los virus se transmitan de un niño a otro. Compartir juguetes, lápices o simplemente estar juntos en el aula favorece el contacto constante, y con él, el contagio.

A esto se suma que el sistema inmunitario de los niños todavía está en desarrollo, por lo que son más propensos a enfermar con frecuencia. De hecho, los primeros años escolares suelen ser la etapa en la que se acumulan más catarros, faringitis o infecciones menores. Aunque pueda preocupar a las familias, lo habitual es que estas enfermedades sean leves y que, con el paso del tiempo, el organismo vaya creando defensas naturales.

¿Qué enfermedades son las más contagiosas en la vuelta al cole?

Para que no te pille por sorpresa, hemos preparado un listado con las infecciones que más suelen circular en las aulas. Te contaremos qué esperar de cada una, qué hacer si tu hijo ya está contagiado y qué pequeños gestos pueden ayudarte a que no se contagie.

Resfriados y catarros

El resfriado común es una infección leve de las vías respiratorias altas causada por diferentes virus, sobre todo rinovirus.

El contagio es rápido. Basta con que un niño tosa o estornude cerca para que las gotitas lleguen a otros, o con que comparta juguetes y material escolar que ya estén contaminados. Después, al tocarse la boca, la nariz o los ojos, el virus encuentra el camino perfecto para transmitirse.

Lo normal es que empiece con mocos, estornudos y tos, a veces acompañado de dolor de garganta leve o unas décimas de fiebre. Aunque resultan molestos y parecen no terminar nunca, lo habitual es que mejoren solos en menos de una semana y sin mayores complicaciones.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: lo más importante es el descanso, una buena hidratación y aliviar los síntomas con lavados nasales o el tratamiento que indique el pediatra. Los catarros suelen ser leves y desaparecen en pocos días sin necesidad de medicación específica.
  • Cómo prevenir el contagio: enseñar a los niños a lavarse bien las manos, cubrirse con el codo al toser o estornudar y no compartir botellas o cubiertos. Ventilar las habitaciones en casa también ayuda a reducir la transmisión.

Gripe

La gripe es una infección respiratoria producida por el virus de la influenza. A diferencia del resfriado, suele presentarse de forma más brusca y con síntomas más intensos.

El contagio también ocurre rápido y con facilidad. El virus se transmite al hablar, toser o estornudar, pero también a través de objetos contaminados que los niños comparten a diario en clase.

Los síntomas habituales incluyen fiebre alta de inicio repentino, dolores musculares, cansancio, tos seca y malestar general. En algunos casos también puede aparecer dolor de cabeza o molestias de garganta. La recuperación suele llevar algo más de tiempo que un resfriado, normalmente entre una y dos semanas.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Lo recomendable es mantenerlo en reposo, ofrecerle líquidos con frecuencia y controlar la fiebre según las indicaciones del pediatra. La mayoría de los casos se resuelven en casa, aunque si los síntomas son intensos o persisten conviene consultar con un profesional.
  • Cómo prevenir el contagio: La vacunación anual es la medida más eficaz. Además, es importante reforzar hábitos como el lavado frecuente de manos, cubrirse al toser o estornudar y evitar que el niño acuda al colegio mientras tenga fiebre o se encuentre muy decaído.

Otitis media

La otitis media es una infección del oído que aparece con frecuencia en los niños, sobre todo después de un resfriado o una gripe. Se produce cuando los virus o bacterias llegan al oído medio y provocan inflamación.

El contagio no es directo de la otitis, sino de las infecciones respiratorias que la desencadenan. Un simple catarro puede favorecer que se acumule moco en la zona del oído y termine dando lugar a la infección.

Los síntomas más comunes son dolor de oído, fiebre, irritabilidad y, en ocasiones, pérdida temporal de audición. En los más pequeños, que no saben expresarlo, suele notarse porque se tocan mucho la oreja o lloran con facilidad.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Lo primero es acudir al pediatra para confirmar el diagnóstico. En muchos casos la otitis mejora sola con reposo, analgésicos para el dolor y control de la fiebre, aunque a veces es necesario un tratamiento con antibióticos.
  • Cómo prevenir el contagio: La clave está en reducir los resfriados que la provocan. Lavarse las manos con frecuencia, mantener una buena higiene nasal y ventilar los espacios son medidas útiles. También ayuda evitar la exposición al humo del tabaco, que aumenta el riesgo de infecciones de oído en los niños.

Faringitis y amigdalitis

La faringitis es una inflamación de la garganta que puede estar causada por virus o bacterias. Cuando las amígdalas se ven afectadas hablamos de amigdalitis.

El contagio se produce al respirar las gotitas que alguien enfermo expulsa al toser, estornudar o hablar. También puede ocurrir al tocar superficies contaminadas y llevarse las manos a la boca o la nariz.

Los síntomas más habituales son dolor de garganta, dificultad o dolor al tragar, fiebre y, en ocasiones, inflamación de los ganglios del cuello. En los casos de origen bacteriano, el malestar suele ser más intenso y la fiebre más alta.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Es importante consultar con el pediatra, sobre todo si hay fiebre alta o el dolor de garganta es intenso. Si la causa es viral, basta con reposo, líquidos y analgésicos para aliviar el malestar. Si la infección es bacteriana, el médico puede recetar antibióticos.
  • Cómo prevenir el contagio: Las medidas básicas de higiene marcan la diferencia: lavarse las manos con frecuencia, no compartir cubiertos o botellas y enseñar a los niños a cubrirse la boca al toser o estornudar. Mantener la habitación ventilada también ayuda a reducir la propagación.

Conjuntivitis

La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. Puede estar causada por virus, bacterias o alergias, pero en el colegio las formas infecciosas son las más habituales.

El contagio ocurre con facilidad a través del contacto directo con las secreciones de los ojos, al tocarse con las manos sucias o al compartir toallas y otros objetos personales. Por eso, cuando aparece en un aula, es común que se multipliquen los casos en pocos días.

Los síntomas incluyen enrojecimiento de los ojos, lagrimeo constante, sensación de arenilla y, en las conjuntivitis bacterianas, secreción amarillenta que puede pegar los párpados al despertar. Aunque resultan muy molestas, en la mayoría de los casos no son graves.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Conviene acudir al pediatra para determinar si la causa es viral o bacteriana. En el primer caso suele bastar con mantener los ojos limpios y evitar que el niño se los frote; en el segundo, el médico puede recomendar un colirio antibiótico. Mientras duren los síntomas, es recomendable que no acuda al colegio para evitar contagiar a otros niños.
  • Cómo prevenir el contagio: La higiene de manos es fundamental, así como enseñar a los niños a no tocarse los ojos. No deben compartir toallas, pañuelos ni cojines, y en casa es recomendable limpiar con frecuencia las superficies que más utilizan.

Gastroenteritis

La gastroenteritis es una inflamación del estómago y los intestinos que suele estar provocada por virus, aunque también puede deberse a bacterias o parásitos.

El contagio se produce principalmente por vía fecal-oral, es decir, al llevarse a la boca manos u objetos contaminados. También puede aparecer tras consumir agua o alimentos en mal estado.

Los síntomas más característicos son diarrea, vómitos, dolor abdominal, fiebre y cansancio general. Aunque suelen asustar a las familias, en la mayoría de los casos se resuelven en pocos días si se mantiene una buena hidratación.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Es fundamental ofrecer líquidos de forma frecuente para evitar la deshidratación. El pediatra puede recomendar soluciones de rehidratación oral. También es recomendable seguir una dieta blanda y evitar forzar la alimentación si el niño no tiene hambre. Ante signos de deshidratación (boca seca, orina escasa, somnolencia excesiva) conviene acudir de inmediato al médico.
  • Cómo prevenir el contagio: El lavado de manos después de ir al baño y antes de comer es la medida más eficaz. También ayuda limpiar bien los juguetes y objetos compartidos, además de extremar la higiene en la manipulación de alimentos en casa.

Varicela

La varicela es una infección causada por el virus varicela-zóster y una de las enfermedades más contagiosas en la infancia. Aunque en España la vacuna ha reducido mucho los casos, todavía pueden aparecer brotes en colegios cuando hay niños que no están inmunizados.

El contagio se produce por contacto directo con las vesículas de la piel o a través de las gotitas que se expulsan al hablar, toser o estornudar. Una persona puede transmitir la enfermedad desde uno o dos días antes de que salgan las erupciones hasta que todas las lesiones estén en fase de costra.

Los síntomas suelen empezar con fiebre y cansancio general, seguidos de un sarpullido característico que pasa de pequeñas manchas rojas a ampollas que producen mucho picor. Las lesiones suelen aparecer primero en el tronco y después extenderse al resto del cuerpo.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: La varicela requiere reposo en casa hasta que todas las lesiones se sequen. Es importante mantener las uñas cortas para evitar que se rasque y se infecten las heridas. El pediatra puede recomendar medicamentos para aliviar la fiebre o el picor.
  • Cómo prevenir el contagio: La mejor forma de prevenir la varicela es la vacunación. Además, si hay un brote en el colegio, lo recomendable es no llevar al niño a clase mientras tenga lesiones activas para evitar la propagación.

Piojos (pediculosis)

La pediculosis es una infestación provocada por pequeños parásitos (piojos) que se alimentan de la sangre del cuero cabelludo. Aunque no transmiten enfermedades, son muy molestos y uno de los problemas más comunes en los colegios.

El contagio se produce por contacto directo entre cabezas, algo muy habitual cuando los niños juegan juntos. También pueden transmitirse al compartir objetos personales como peines, gorras o auriculares.

Los síntomas principales son picor intenso en la cabeza, especialmente en la nuca y detrás de las orejas. A simple vista pueden verse los piojos en movimiento o las liendres pegadas al cabello, que se distinguen por su aspecto blanquecino y su dificultad para desprenderse.

  • Qué hacer si tu hijo ya está contagiado: Existen lociones y champús específicos que eliminan piojos y liendres. Es importante seguir bien las instrucciones y repetir el tratamiento a los 7 días si es necesario. Además, conviene revisar a toda la familia y pasar la lendrera con frecuencia para asegurar que no quedan parásitos.
  • Cómo prevenir el contagio: No hay un método infalible, pero revisar el cabello de forma periódica ayuda a detectarlos cuanto antes. También es recomendable enseñar a los niños a no compartir peines, gorras ni otros objetos de uso personal.

¿En qué casos tengo que llevar al niño al médico?

Vuelta al cole- En qué casos tengo que llevar al niño al médico

La mayoría de estas enfermedades infantiles se resuelven en casa con reposo, hidratación y cuidados básicos. Sin embargo, hay situaciones en las que conviene consultar con el pediatra para asegurarse de que todo evoluciona bien, e incluso casos en los que es recomendable acudir con tu hijo a urgencias.

A continuación, tienes una guía orientativa que te ayudará a distinguir cuándo basta con una visita al médico y cuándo la atención debe ser inmediata:

Enfermedad Cuándo ir al pediatra Cuándo acudir a urgencias
Resfriados y catarros Si los síntomas duran más de 10 días o hay dificultad para respirar. Si el niño respira con mucha dificultad o presenta un decaimiento extremo.
Gripe Siempre que haya fiebre alta persistente o empeoramiento tras una aparente mejoría. Si aparecen problemas para respirar, somnolencia excesiva o convulsiones por fiebre.
Otitis media Ante dolor de oído intenso o fiebre elevada. Si el dolor no cede con medicación o hay secreción abundante con mal olor.
Faringitis y amigdalitis Si el dolor de garganta es muy fuerte o la fiebre es alta. Si hay dificultad para tragar saliva o respirar.
Conjuntivitis Cuando no mejora en 2-3 días o afecta a ambos ojos con secreción abundante. Si aparece dolor ocular intenso, visión borrosa o sensibilidad extrema a la luz.
Gastroenteritis Siempre que haya diarrea o vómitos que duren más de 2-3 días o signos leves de deshidratación. Si el niño no orina, presenta ojos hundidos, somnolencia excesiva o vómitos continuos que impiden beber líquidos.
Enfermedad boca-mano-pie Si la fiebre es alta o el malestar interfiere en su alimentación e hidratación. Si hay dificultad para tragar líquidos o signos de deshidratación grave.
Varicela Si la fiebre es muy alta o las lesiones se infectan. Si presenta problemas respiratorios, somnolencia intensa o convulsiones.
Piojos (pediculosis) Si tras varios intentos no se logra eliminar los piojos o aparecen heridas en el cuero cabelludo. No requiere urgencias salvo complicaciones excepcionales (infecciones graves de la piel).

 

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