Juan Luis Vives por Azorín

Juan Luis Vives de Azorín

Con motivo del 100º aniversario de Seguros Afemefa difundiremos un artículo histórico semanal, publicado en la revista oficial de la Asociación Ferroviaria Médico-Farmacéutica, para rememorar nuestros inicios con todos vosotros.

Disfruta de este fragmento de Juan Luis Vives, obra escrita por Azorín, uno de los principales novelistas del siglo XX, publicado en la revista Vida Ferroviaria.

Juan Luis Vives

Mas, ¿qué hace nuestro Vives?

Estos son unos estudiantes que se hallan comiendo en una casa de estudios: en el centro de la mesa hay una cazuela de guisado con un braserico debajo para que no se enfríe; cada comensal tiene ante sí un vaso transparente, un cuchillo y un tenedor; el maestro, o sea el amo de la casa, los preside a todos y les hace advertencias de cuando en cuando, tales como que no se escarben los dientes, o que no se apoyen en el codo, o que no remuevan los sombreros, para que no caigan en el plato cabellos de sus guedejas largas y juveniles.

– Mas, ¿qué hace nuestro Vives? -pregunta el dueño de la casa de estudios, en los propios Diálogos trazados por el filósofo.

Y lo pregunta a un estudiante recién llegado de Brujas. Este escolar, desamparado, horro de toda blanca, ha pedido que le dejen comer aquí en esta casa: sus compañeros han accedido gustosos; y ahora él, en pago de tal obsequio, les va contando las novedades que acontecen en la ciudad lejana. El maestro tiene curiosidad por conocer nuevas de Vives; ya le ha preguntado por él con insistencia, y el forastero contesta:

– Dicen que lucha, pero no a fuer de buen luchador. El maestro se asombra un poco.

– ¿Cómo así?

Y el estudiante explica sus palabras:

– Porque siempre lucha, pero con poco valor.

– ¿Con quién? -torna a preguntar el maestro.

– Con su mal de gota -replica el mozuelo.

Cuando estas palabras escribía el amado filósofo estaba ya un poco viejo: se sentía enfermo y débil de intelecto; pesaba sobre su cerebro, por la intensísima labor realizada en su vida, ese formidable peso de «diez torres» de que años antes le hablaba a su amigo Erasmo. Era en 1539: al año siguiente moría en Brujas, en esta pequeña ciudad bulliciosa, llena de mercaderes españoles, por cuyas calles, él, para distraerse -según propia confesión- solía pasear canturreando en voz baja…

***

Y yo me figuro a Vives tal como en los primeros años de mi juventud lo he visto, puesto en bulto de bronce, en una Universidad española: la misma de donde él salió a los quince años para profesar en las más insignes cátedras de Europa. Yo me lo figuro alto, fino, fuerte -con esa fortaleza callada que poseía Taine-, digno, escrupuloso, un poco adusto, con los ojos escrutadores, con la nariz afilada, con la barbilla redonda y suave, tocado con una boina, vestido con unas cortas hopalandas.

Sí, era un hombre un poco adusto: tenía una grande y fiera dignidad.

– Procúrate -le decía Erasmo- un medio de vida para poder dedicarte de lleno a tus estudios.

Y él sonreía tristemente, resignado con su pobreza, porque sabía que una íntima repulsión le apartaba de las lisonjas. Su vida fue silenciosa y modesta: trazó libros considerables: profesó en las cátedras de París, de Oxford y de Lovaina; vivió una temporada en la corte de Inglaterra, junto a los reyes. Fue este periodo como un oasis, en que se vio libre de los ahogos cotidianos: le pasaban una pensión decente. Pero vivía -dice él- en un cuarto pequeño, sin más menaje que una silla, sin mesa en que poder urdir sus reflexiones, y sobre todo -y esto era lo que más le molestaba-, movían una batahola insoportable, a todas horas, en las habitaciones paredañas.

***

Vives siente un intenso amor por las cosas pequeñas todos estos filósofos del Renacimiento parece que han visto irradiarse en las cosas, tras larga obscuridad, el alma perdurable e inquietadora del Universo. El Renacimiento es como un grande amor a la vida, a los hombres y a las cosas: la armonía que en nuestra existencia diaria forman los detalles y los objetos menudos, se revela de pronto en las páginas de estos graves pensadores, silenciosos y dignos.

Juan Luis Vives ha sentido, acaso mejor que nadie, la eterna poesía de lo pequeño y cotidiano. Y he aquí por qué, entre toda su obra, tal vez viene a prevalecer y dominar, como siempre acontece, aquello que el autor reputó por más frívolo, pero en que llegó, inconscientemente, por vías indirectas, hasta el nexo secreto de la vida. Habló de los Diálogos que el gran filósofo escribió para ejercicio de la lengua latina: acaso no haya libro en nuestra literatura tan íntimo y gustoso. Abridlo: ved cómo pasa la existencia menuda y prosaica de los pueblos en una serie de pequeños cuadros auténticos: la madre y la hermana de un chico que han dejado la casa sola y se han ido a comer cuajada con una lechera que las ha convidado; una disputa, mientras que el niño llora, de un marido con su mujer, que está empeñada en poner en la ventana unas macetas que impiden que él vea la hora en el reloj de enfrente; el dueño de la taberna del Gallo, que antes de marcharse a cocinar en una boda quiere volver corriendo a decirle a su mujer lo que ha de hacer con los rufianes y gorrones que entren en el establecimiento; un alquimista, que está preparando sus terribles mixturas y no consiente de ningún modo que le tomen el menor tizón de la hornilla para que un vecino encienda fuego.

***

En los últimos años de su vida, ya viejo, martirizado, por la gota, Vives, después de haber tratado a los hombres más insignes del mundo, se entretenía en escribir estas páginas sencillas y amorosas de sus Diálogos.

Y yo lo veo, en esta bullidora ciudad de Brujas, metido en un pequeño cuarto -mientras su mujer, acaso continuadora del comercio de sus padres, despacha fuera paños y brocateles-; yo lo veo evocando sobre el recio papel las sensaciones de su niñez, allá en la luminosa Valencia; sus idas a la escuela, situada en la calle de la Cruz Nueva; sus juegos a la taba y al alquerque en la de Cornicols; sus retozos con un perrico que anda por la casa y a quien él le echa pan…

Por Azorín

Transcripción original

Juan Luis Vives por Azorín